Los antiguos Juegos Olímpicos tienen una tradición mitológica que se remonta, según Homero, al 1370 a.C. Sin embargo, el primer encuentro olímpico del que se conservan crónicas completas tuvo lugar el año 776 a.C. Estas competiciones atléticas se celebraron (al principio cada ocho años y, posteriormente, cada cuatro) hasta el 381 de nuestra era, año en el que fueron prohibidas las religiones paganas tras la adopción del Cristianismo como religión oficial del Imperio Romano. La última Olimpiada, la 293, se celebró el año 393.
Durante los Juegos Olímpicos se daba una tregua sagrada y nadie tenía permiso para llevar armas, se suspendían las disputas legales y se posponían las ejecuciones. Las características de este período de paz estaban registradas en el disco sagrado de Ifito, en cinco aros concéntricos y su símbolo se encontraba esculpido en Delfos (estos aros posteriormente serían adoptados como el símbolo de las Olimpiadas modernas). Para el hombre griego el deporte servía para adiestrarse físicamente y para obtener preparación militar y sólo se permitía la participación a los griegos de ascendencia pura.
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